ABC

Es momento de la verdad y justicia por los y las afectadas de la terrible tragedia.


2 jun 2009

En nombre del futbol: la democracia del balón.

-A Leticia Rentería, una excelente profesora que creo ha juzgado mal el futbol.


Marx fue más que claro cuando hizo su famosa sentencia: “La religión es el opio de los pueblos”. Y se refería exclusivamente a la religión porque las iglesias la han transformado en una fuerza sumamente alienante; mantienen un status quo inamovible y siempre al servicio de los intereses de unos cuantos, jodiendo la mayoría de las veces a la gran mayoría; también a partir de ella buscan justificar todo acto maldito que realicen, desde matanzas hasta coronaciones de falsos ídolos. Todo con la “gracia de Dios”.


Así que realmente no entiendo cuando los intelectuales del presente tergiversan la frase y la transforman en un burdo: “El futbol es el opio de los pueblos”. Se me hace absurdo, porque el balompié no intenta alienar a las personas a un status quo inamovible; a su vez que tampoco se utiliza para justificar acto maldito de nadie.

Sí, es cierto, ha sido utilizado por los grupos hegemónicos como una fuente gigantesca de ingresos. Incluso, en los peores casos, trascienden su simple función comercial y lo vuelven “el circo sin pan” de los pueblos de tercer mundo.
Pero esto no viene de la esencia misma del deporte, como nos lo reiteran una y otra vez pensadores fenomenales como Eduardo Galeano, Juan Villoro o César Luis Menotti.

La esencia del futbol radica en el sentimiento de ver a once personas jugando con una pelota. Reitero la palabra jugar.
Cierto es también que su comercialización ha demacrado muchísimo el espíritu jovial de esta actividad; pero de una u otra forma su mejor atributo sigue presente: recordarnos quienes somos.

Son los sentimientos primarios, los más básicos, los más irracionales, los menos complejos los que en verdad nos definen; los que nos recuerdan quienes somos: No “homo sapiens” ni “homo sapiens sapiens” (como megalómanamente nos llamamos a nosotros mismos), sino simplemente un grupo de animales gregarios con un alto grado de abstracción.
Lo queremos negar, nos gusta sentirnos especiales, únicos, divinos; pero son sentimientos como el odio, el amor, la emoción, la felicidad, la tristeza y el miedo quienes nos recuerdan que no es así; los que nos remontan a nuestro humilde origen…


Y he aquí la gran gracia del futbol, el contener toda esta gama de emociones y sentimientos…


Y Sí, a pesar de todo en el futbol hay un D10s pero éste no es ni omnipotente ni omnipresente (aunque en el Nápoles lo pareciera).


Y Sí, en el futbol hay un Rey (rey de reyes), pero aunque tuvo el poder de inclusive parar una guerra, en el futbol no existe la monarquía absolutista

.
Y Sí, en el futbol hay un Olimpo desde donde los Cruyff, Beckenbauer o Di Stéfano miran sonrientes a las nuevas generaciones; pero en el futbol no existe el derecho divino.


Y Sí, en el futbol hay siempre un campeón, siempre un número uno y un número dos; siempre se trata de coronar a alguien, siempre se busca demostrar la superioridad de los unos sobre los otros; pero el verdadero rey de los deportes no busca, en esencia, establecer regímenes inamovibles, sino todo lo contrario: Los fanáticos amamos las sorpresas; amamos que el equipo pequeño le dé una lección de humildad al gigante continental; amamos que la selección del país que alguna vez fue colonia le demuestre en la cancha a la potencia que en el campo son once contra once y ahí lo único que cuenta es quién juega mejor a la pelota…


El futbol es una esperanza, el futbol es un sentimiento compartido… El futbol nos remonta a nuestros inicios tribales, el futbol nos une como pueblo, como ciudad o como nación; el futbol también es el mejor representante de la globalización de los pueblos…
El futbol es, en última instancia, la forma perfecta de democracia:
El pueblo, representado por once mortales que sí luchan por los ideales compartidos de los suyos, lucha incansablemente por el poder.

Por: Julián Bastidas Treviño

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